Hablando en el extranjero (Editorial sobre posición de Uribe hacia Venezuela)

Por 12:07 p. m. 0 comentarios
Editorial del diario colombiano El Espectador.

En la semana que termina el noticiero CM& reveló a la opinión pública una grabación en la que se oye al expresidente Álvaro Uribe mandando un mensaje a la oposición venezolana.

Se trató de una conversación privada y no de una declaración pública y eso, por supuesto, debe tenerse en cuenta a la hora de evaluarla. Las declaraciones dadas, sin embargo, son muy preocupantes y, con razón, han generado gran malestar.

El expresidente Uribe instó a la oposición venezolana a que elaborara un manifiesto previo a la visita del presidente Santos, en el que se publicara el desconcierto que supone dar más importancia a “800 millones de dólares, o a 400, que a los valores democráticos”. Pretendía dejar expuesto su punto de vista sobre el declive de la democracia venezolana y su preocupación por el hecho de que el Gobierno de Colombia apoye a uno como el de Venezuela.

Existen al menos tres problemas en las declaraciones reveladas, que nos gustaría analizar. El primero concierne a su entendimiento de “promover la democracia”, frase con la que el expresidente defiende su intervención. Si bien es cierto que éste debe ser un valor defendido —y sobre todo por sociedades que se precian de democráticas—, otro valor equivalente es el de la autonomía: cada país, por cuenta propia, debe blindarse institucionalmente y producir partidos fuertes que mantengan ese ideal como un ente materializable. Y Venezuela, a través de la unión de sus partidos de oposición, parece en el camino de haberlo entendido.

De ahí que los miembros de la oposición de ese país hayan salido a aclarar, a través del secretario ejecutivo de la Mesa de Unidad, Ramón Guillermo Aveledo, que: “debemos decirle que su punto de vista tiene un fuerte sesgo de política interna colombiana”.

De donde deriva el segundo problema, que es la responsabilidad única, radicada en cabeza del presidente Santos, de llevar a cabo la política exterior. Los malquerientes del jefe de Estado colombiano no pueden usar, como arma política, los problemas internos que vive Venezuela para ventilar sus diferencias. Así como en su momento aquí criticamos a la exsenadora Piedad Córdoba por traspasar la frontera y realzar en el exterior sus diferencias con el Gobierno local —aunque no en los términos de “traición a la Patria” que utilizó el entonces presidente Uribe—, así mismo lo hacemos ahora. No es muy diferente la actitud. Entre otras cosas, porque no sólo se busca deslegitimar al Gobierno colombiano sino, de paso, torpedear las difíciles relaciones con el país hermano, que en buena hora Santos logró restablecer.

Y de allí parte el tercer problema. El presidente Santos decidió rehacer las relaciones diplomáticas y de comercio con un país muy importante para Colombia. Lo que la reacción del expresidente demuestra es su falta de perspectiva hacia lo que ha conseguido Santos en política exterior, pasando del esquema de generar tensiones con los países vecinos a uno de alianzas de mutuo beneficio con ellos. Y los resultados están a la vista.

Por supuesto que el expresidente Uribe puede preferir el camino que él siguió en su momento, por supuesto que puede tener sus reservas ante el nuevo camino que han tomado las relaciones, pero esas diferencias con el actual jefe de Estado podrían, deberían, ventilarse en escenarios locales. Y existe. Para eso está, como seno natural, la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores, de la que el expresidente Uribe es miembro pero a la que no ha podido, o no ha querido, hasta ahora asistir.

El presidente Santos, ante esta arremetida, debe mantener la misma frialdad que hasta ahora ha tenido y manejar, de forma independiente y sin sesgos políticos, las relaciones con el vecino país.

http://www.elespectador.com/opinion/editorial/articulo-313455-hablando-el-extranjero

Ricardo Camacho Socorro

Activista social Venezolano

"Gracias a la libertad de expresión hoy ya es posible decir que un gobernante es un inútil sin que nos pase nada. Y al gobernante tampoco."
Jaume Perich.