Los sospechosos habituales

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Iba a suceder en julio pero la súbita enfermedad de Hugo Chávez obligó a posponer los planes de una cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC). Finalmente, a principios de diciembre 33 jefes de estado de la región se reunirán en Caracas con el propósito de impulsar un organismo al margen de la Organización de Estados Americanos (OEA) y sin la participación de Canadá y Estados Unidos.

Seguramente al líder bolivariano le vendría bien más reposo, pero en esta ocasión a su aliado, el mandatario ecuatoriano Rafael Correa, le corre prisa convocar un encuentro que, según sus más recientes declaraciones, podría tener más de aquelarre político que de congreso en busca de alianzas que fortalezcan los valores democráticos.

Nada más lejos de las intenciones de Correa que abrir vías de diálogo. El registro en el que se siente cómodo es el de la bravuconería y quiere propinarle un portazo a la OEA porque, según él, sólo se trata de un "instrumento" de la potencia yanqui. Su principal objetivo es meter al resto en el corralito del Socialismo del siglo XXI, con el vecino del norte como enemigo de los intereses comunes latinoamericanos.

¿Acaso lo que mueve a Correa y a los mantenidos con petrodólares del chavismo es el bienestar colectivo? No parece. En el caso particular del gobernante ecuatoriano, su motivación es la venganza contra la audiencia que el pasado 24 de octubre tuvo lugar en la sede de la OEA en Washington, donde un grupo de periodistas compatriotas denunció sus maniobras para amordazar a la prensa independiente. O sea, la libertad de expresión está en vías de extinción en un país donde el jefe de estado lleva a los tribunales a los medios y los jueces emiten sentencias que exigen multas millonarias, con el fin de asfixiar a los desafectos por la vía de la ruina económica.

Como respuesta a estos testimonios, Correa declaró el pasado 22 de noviembre que de ninguna manera acepta "la visión de libre expresión anglosajona". El entorno de la CELAC es perfecto para escapar del marco jurídico occidental, y así cometer tropelías contra el respeto a los derechos humanos y las libertades civiles sin la presencia de testigos incómodos.

Tanto se le ve el plumero a los hinchas del Socialismo del siglo XXI, que no todos los gobernantes invitados se sienten cómodos con la encerrona. El presidente de Panamá ha adelantado que lo idóneo sería evitar temas "discrepantes". Y desde La Habana hasta el viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba ha dicho que la intención de este foro "no es desafiar ni sustituir a la OEA".

Con Fidel fuera de juego, Raúl Castro lanza un mensaje más prudente que el de la facción ultra liderada por Correa, Chávez, Daniel Ortega y Evo Morales. Mientras unos están empeñados en instalar el colectivismo puro y duro otros, como el tardocastrismo, ya no saben qué hacer para desmontar tan ineficaz sistema sin perder el control.

A Chávez y a Correa no les ha bastado el invento del ALBA a modo de mundo paralelo donde jugar a la 'distopía', sin la supuesta injerencia de imperios como el español (véase Cumbre Iberoamericana) o el de Estados Unidos con su supremacía en la OEA. Ahora toca ejercer de víctimas en la CELAC. ¿Qué apuestan a que de esta reunión no sale una declaración condenatoria contra la dictadura castrista o los indicios de fraude electoral en Nicaragua? Ojalá los demócratas del continente no se dejen arrastrar por los sospechosos habituales hacia este nuevo abismo.

Por Gina Montaner
http://www.elmundo.es/america/2011/11/28/venezuela/1322511348.html

Ricardo Camacho Socorro

Activista social Venezolano

"Gracias a la libertad de expresión hoy ya es posible decir que un gobernante es un inútil sin que nos pase nada. Y al gobernante tampoco."
Jaume Perich.