Venezuela: cuando la condena a prisión es casi una condena a muerte

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En lo que va de este 2011, 457 reos fueron asesinados en los penales del país. El Observatorio Venezolano de Prisiones reveló que, en la primera mitad del año, las cifras de homicidios treparon un 40 por ciento.

De acuerdo con el último informe de la ONG, además de los 457 asesinatos, se registraron 1.061 presos gravemente heridos. De hecho, según detalló El Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP), la cifra de víctimas fatales en estos primeros 10 meses del año está a punto de superar las 476 muertes de 2010.

Humberto Prado, director de la organización, teme, incluso, que este año el número supere la barrera de las 500 víctimas, saldo que representaría un récord en los últimos 12 años. Es que entre enero y julio de este año, mataron a 309 reclusos, un 40% más del saldo registrado durante el mismo período del año pasado, cuando murieron 221 personas.

Las cárceles de Venezuela son tristemente famosas por sus extremos niveles de violencia. Las sangrientas guerras de bandas, secuestros, motines, huelgas de hambre por el hacinamiento, la falta de salud y los maltratos son noticias diarias en los periódicos locales. El constante crecimiento de la población reclusa, una Justicia saturada y el contrabando de armas y drogas pusieron al sistema penitenciario venezolano al borde del colapso.

Los centros carcelarios del país fueron diseñados para albergar a unas 12 mil personas, pero la población penal supera en más del triple la capacidad de las instalaciones. En los últimos 10 años, el Gobierno de Hugo Chávez sólo inauguró dos centros penitenciarios con capacidad para 1.200 presos, insuficiente ante el auge de la criminalidad del país y bastante menos que los 13 prometidos para 2010. Para hacer frente a la crisis, el mandatario creó en julio el Ministerio de Servicio Penitenciario y designó al frente de ese despacho a Varela, una abogada y ex congresista oficialista.

El Observatorio también hizo un balance de los primeros 100 días de gestión de la flamante funcionaria. Según las cuentas de la ONG, entre el 26 de julio y el 3 de noviembre, 148 reclusos fueron asesinados. Pero más allá del número de fallecidos, Prado puso atención en los cuatro episodios de secuestro registrados en estos tres meses. El más reciente fue el de La Mínima de Tocuyito, en Carabobo, donde los internos mantuvieron hasta el pasado 26 de octubre a cerca de 50 trabajadores retenidos por 12 días.

Las cifras evidencian, según Prado, el nivel de anarquía en los recintos: "Está claro que el control lo tienen los internos, no el Estado". Aseguró que el mayor error de la ministra en estos primeros días ha sido la falta de un programa de trabajo. "Todavía estamos esperando que presente su plan de acción a corto y mediano plazo", advirtió.

El drama carcelario volvió a las portadas de los diarios en junio, cuando un batallón de 5 mil soldados tardó casi un mes en sofocar un motín en la prisión El Rodeo, que tuvo como saldo 22 muertos y varios peligrosos delincuentes fugados. El episodio dejó patentes las intrincadas mafias entre presos y funcionarios y, aunque pronto quedó relegado por el anuncio del cáncer del presidente Hugo Chávez, el tema penitenciario se convirtió en uno de los puntos de la agenda política de cara a los comicios de octubre de 2012.

Aunque se agravó en los últimos años, la situación no es nueva. En 2006, la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado venezolano por los sucesos del ya demolido Retén de Catia en 1992, cuando al menos 63 presos fueron asesinados y 20 desaparecidos por parte de los guardias. Pero eso no sería el peor incidente carcelario en el país, pues hubo otro en el penal de Sabaneta en Maracaibo en 1994, cuando 130 reos murieron quemados o a golpes de machete en una batalla entre bandas.
http://america.infobae.com/notas/37472-Venezuela-cuando-la-condena-a-prision-es-casi-una-condena-a-muerte

Ricardo Camacho Socorro

Activista social Venezolano

"Gracias a la libertad de expresión hoy ya es posible decir que un gobernante es un inútil sin que nos pase nada. Y al gobernante tampoco."
Jaume Perich.