Yo, el opositor (El affaire Uribe-Santos-Chávez)

Por 11:38 a. m. 0 comentarios
Aún cuando en la agenda binacional que tratarán mañana en Caracas los presidentes Juan Manuel Santos y Hugo Chávez existen varios temas de gran interés binacional, entre ellos el de la deuda de Venezuela a empresarios colombianos, que ascendería a unos 800 millones de dólares, sin duda alguna, el tema que atraerá todas las miradas será el que tiene que ver con Álvaro Uribe Vélez, el expresidente que ferozmente se opone a quienes son llamados los dos “nuevo mejores amigos”.

La más reciente carga de profundidad de Uribe a Santos y a Chávez ocurrió el pasado jueves en un encuentro del exmandatario colombiano con delegados de la oposición venezolana, que se llevó a cabo en Bogotá. Durante su intervención, Uribe se despachó con Santos y Chávez por igual y llamó a los opositores del vecino país a producir un manifiesto en el que le expresen a Santos su desconcierto por haber antepuesto los 800 millones de dólares de la deuda venezolana a los “intereses democráticos”.

En el mismo evento, que tuvo amplia difusión en Bogotá y Caracas, Uribe se declaró preocupado por el gobierno de Colombia frente a Venezuela. “El chavismo no le va a creer al presidente Santos, porque el marxismo sí sabe cómo utilizar a la gente sin creerle”, declaró Uribe ante un auditorio sorprendido, hasta el punto de uno de los asistentes afirmó, al concluir el encuentro, que la declaración de Uribe había tenido un “fuerte sesgo de política interna colombiana que a nosotros no nos incumbe”.

Las palabras del exmandatario estuvieron acompañadas desde influyentes tribunas uribistas, como la del espacio de que dispone el exvicepresidente Francisco Santos, que en RCN Radio contó pormenores de un encuentro suyo con Chávez en la época del gobierno de Uribe, en el que el mandatario venezolano lo habría llamado “Santos el bueno, porque el otro (el entonces ministro de Defensa), es un h.p…”.

El encuentro de mañana, que según el propio Chávez servirá para que ambos países se recuperen del “grave daño que les hizo el gobierno anterior”, se desarrollará, pues, en un ambiente caldeado por cuenta, además, del clima pre-electoral que se vive en el vecino país y que tiene a Chávez como protagonista. ¿Qué pasará con las relaciones entre Chávez y Santos? ¿Cuál será el papel de Uribe, convertido ahora en opositor de ambos gobiernos? ¿Cuál es la salida de Santos y Chávez a la encrucijada planteada por Uribe? ¿Volverán los tiempos de los desencuentros regionales de Colombia con los países vecinos?

1. ¿Qué hacer con Álvaro Uribe?

Álvaro Uribe ha terminado por convertirse en un delicado asunto nacional e internacional. Su intemperancia verbal y su incontinencia twittera han hecho revaluar el concepto que Alfonso López daba de los expresidentes de quienes decía que eran como un mueble viejo al que nadie sabía dónde poner, con el agravante, en el caso de Uribe, que es un mueble viejo pero con parlantes. Callar a Uribe por la vía de la prudencia es imposible, porque esa es una virtud de la que carece a pesar de que él mismo se confiese tan religioso y tan católico. Por la vía de la conveniencia tampoco es posible callarlo, porque el ex Presidente cree, que lo que es bueno para él es bueno para el país, de modo que siempre ha confundido sus intereses personales con los institucionales. Por la vía burocrática podría serlo, si Uribe aceptara una embajada –diga usted en Kabul- donde sus luces en la lucha contra el terrorismo serían muy útiles. Aunque mucho me temo que Uribe como funcionario diplomático sería más peligroso que como expresidente. Lidiar a un expresidente colombiano no es tarea fácil para ningún mandatario de turno, pues pocos se resisten a la condición de ‘muebles viejos’ y todos opinan de lo divino y lo humano. Lo que pasa es que nadie esperaba que Santos terminara lidiando a Uribe, que se precia de ser su mentor político. Todo esto para decir que el problema Uribe es virtualmente indisoluble, pues nadie sabe qué hacer con él y es que parece que ni él sabe qué hacer consigo mismo.

2. El ‘chicharrón’ de la oposición venezolana
La reciente reunión de Uribe con la oposición venezolana, a quien más bravo debe tener es a JJ Rendón, que sí sabe cuál es el peso específico que en la propaganda política va a tener la imagen de esa reunión en la campaña presidencial venezolana y el uso que el gobierno de Chávez le dará a semejante papayazo. “¡Cómo le da más peso a 800 millones de dólares que a los valores democráticos. Los valores democráticos no tienen precio!”, es una de las frases de Uribe aconsejándole a la oposición venezolana que le reclame al presidente Santos en su visita a Caracas. ¡Uribe!, que tiene más de la mitad de su gobierno respondiendo ante la justicia por falsos positivos, chuzadas a magistrados, periodistas y opositores, compra de votos de parlamentarios para su reelección, y reparto amañado de subsidios a terratenientes, hablando de valores democráticos, es un plato que el presidente Chávez no va a desperdiciar para enrostrarle a la oposición venezolana que piensa trasladar a ese país el modelo uribista de hacer política. De este modo Uribe, en lugar de ayudar a los opositores venezolanos va a producir el efecto contrario, pues lo matriculará en las filas de quienes encuentran en el “todo vale” la mejor medicina para curar los males. Chávez, por su parte, al mejor estilo de Uribe, comenzará en los medios de comunicación a llamar la atención sobre esos candidatos financiados por gobernantes extranjeros, e incluso, como hizo Uribe con el DAS en contra de Piedad Córdoba, puede usar a cualquiera de sus organismos de inteligencia para perseguir a la oposición con la excusa de que están indagando por una posible conspiración extranjera contra la “estabilidad democrática” del país.

3. Uribe, un problema regional

Por cuenta de su radicalismo, Álvaro Uribe terminó convirtiéndose en la piedra en el zapato que se ha dedicado a incomodar a todos aquellos que él cree sus enemigos ideológicos, políticos o filosóficos. Uribe, como decían las abuelas de los niños inquietos, “no puede quedarse quieto”, y esa característica, que ahora definen los psiquiatras como hiperactividad, es un verdadero problema, cuando quien la padece tiene poder de convocatoria en los medios, seguidores en el plano político y responsabilidades como exmandatario nacional. Uribe vive pregonando que es un ciudadano del común, cosa que no es cierta, porque ningún expresidente de la República en Colombia lo es. Todos tienen audiencia y ese solo detalle los debería hacer más responsables. Uribe trasladó sus mismas malquerencias de Presidente a ex presidente. La bronca por Rafael Correa, su malquerencia por Lulla y especialmente el odio hacia Hugo Chávez son inocultables y aunque los disfraza con intenciones demócratas, es cierto que no se aguanta que en pleno Siglo XXI haya presidentes elegidos democráticamente que se auto-reconozcan como de izquierda y que tengan un modelo de desarrollo distinto del que él pregonó de apoyo al capital y de subsidios a los ricos. El problema del pensamiento uribista no sería tanto sino fuera porque no deja de intervenir en política, interior y exteriormente, creándole un incordio a la Cancillería Nacional, que tiene que aclarar siempre que Uribe habla a título personal y no como miembro permanente de la Comisión Asesora de ese Ministerio. Uribe fiel a su estilo y a diferencia del presidente Alfonso López, que cada vez que hablaba ponía a la gente a pensar, la pone a pelear.

4. La encrucijada de Santos

El presidente Santos se halla en una encrucijada por cuenta de la malquerencia que Uribe le ha ido tomando a causa de ese rasgo tan especial de Uribe de no reconocer sino dos clases de relaciones: la de superior y la de subalterno. Como Uribe no considera a Santos su superior, pretende tratarlo como subalterno y por eso, como decimos los costeños, “le saca la piedra”, que Santos no le obedezca, y por esa razón ha ido tildándolo por sí o por terceras personas de traidor, desleal y apaciguador, que en lenguaje uribista es todo un insulto. Uribe ha dicho que sus ideas sirvieron para elegir a Santos, pero que no le sirven a Santos para gobernar. Santos, que no solo ha leído El Arte de Guerra de Tsung Tzu, sino El Príncipe de Maquiavelo, le saca más aún la rabia a Uribe, cuando a cada insulto suyo le responde con una lisonja. Sin embargo, más allá del estilo, el presidente Santos es consciente de que Uribe se le puede convertir en un problema político complicado que puede terminar afectándole la gobernabilidad por cuenta de algunos de sus seguidores más fanáticos, que aunque no son mayoría en el Congreso de la República, sí hacen el suficiente ruido en el Legislativo y en los medios para exagerar cualquier falla del Gobierno, o para cobrarle cualquier error por pequeño que sea. Santos sabe que Uribe aún tiene popularidad en ciertos sectores y es mejor llevarle la idea, pero no poner en práctica ninguna. Santos, aún se apoya en el Partido de la U, pero no oculta su intención de fortalecer al Partido Liberal para tener una organización política fuerte y confiable que eventualmente lo respalde ante una posible aspiración reeleccionista.

Análisis
Óscar Montes

http://www.elheraldo.co/pol-tica/yo-el-opositor-47443

Ricardo Camacho Socorro

Activista social Venezolano

"Gracias a la libertad de expresión hoy ya es posible decir que un gobernante es un inútil sin que nos pase nada. Y al gobernante tampoco."
Jaume Perich.