El dictador parlanchín

Por 4:37 p. m. 0 comentarios
Debería estar tipificado como tortura sicológica el abuso de los jefes de estado que someten a los ciudadanos a interminables discursos. Es posible que Hugo Chávez esté muy enfermo, pero está empeñado en demostrar lo contrario y lo ha hecho martirizando a los venezolanos con un discurso de más de nueve horas ante la Asamblea Nacional.


El dirigente bolivariano, que desconoce la mesura, parecía tener la intención de romper el récord de la perorata más larga que hasta ahora ostentaba Fidel Castro. Es verdad que el longevo dictador cubano es para él como una figura paterna, pero ya lo advirtió Freud: el deseo de matar al padre siempre está latente y es la única forma que tiene su discípulo de certificar el relevo de una revolución, la que se gestó en Cuba hace más de medio siglo, por una nueva, bajo el cuño del Socialismo del Siglo XXI o la Revolución Ciudadana del ecuatoriano Rafael Correa. Hasta podría decirse que con la reciente visita de Mahmud Ahmadineyad a Caracas y Quito, Chávez y Correa se apuntan a la corriente teocrática de los ayatolás de Irán, como en el pasado Castro reconvertía la isla en una franquicia soviética. Muy postizo ha resultado ver en las plazas de estos dos países sudamericanos adhesiones a un régimen foráneo que castiga a las mujeres con lapidaciones y latigazos.
Bien, si papá Castro rompió su propio récord de verborrea incontenible cuando en 1998 habló sin parar siete horas y cuarto ante la Asamblea Nacional, ahora Chávez ha subido el listón con una intervención en directo que se transmitió en la televisión y la radio. Como ya suele ser habitual, repasó lo humano y lo divino. Fueron, como en la canción de Mina, paroles y más paroles que sólo se vieron interrumpidas por los sonoras protestas de la oposición, a modo de combatir el efecto narcótico de esta bípeda mosca tsetsé.
En medio del sopor generalizado de una nación que aprovecha las alocuciones de Chávez para echarse una prolongada siesta, la modorra se interrumpió cuando la diputada opositora María Corina Machado increpó al mandatario, echándole en cara que no tiene autoridad moral al afirmar que respeta la propiedad privada, cuando en los últimos años se ha dedicado a expropiar. O lo que es lo mismo, a robar, sentenció la corajuda aspirante a la presidencia. Pero Chávez siguió vomitando palabras deshilachadas y el país entero fue un clamor de sonoros bostezos.
El modelo del dictador parlanchín lo impuso Fidel desde el principio de su entrada triunfal en la Habana el 1 de enero de 1959. En aquel entonces hasta las palomas tenían los buenos modales de posarse sobre el charlatán sin manchar el uniforme verde olivo con la cagarruta de rigor. En los primeros tiempos del irresponsable fervor revolucionario que jaleaba el harakiri del estado de derecho, los cubanos hasta organizaban alegres congas que acompañaban las arengas del caudillo. Con los años, la comparsa se fue apagando hasta que la Plaza de la Revolución se transformó en el patio inquisitorial donde El Conformista de Bertolucci ya no se reconoce en el espejo de su multitud.
Ayer fue Castro. Hoy son Chávez y Correa con sus Aló Presidente y Enlace Ciudadano, usurpando en cadena los pocos reductos de libertad. Amenazados los medios independientes. Silenciados los periodistas desafectos. Acosados los blogueros díscolos. La población adormecida con el gas mostaza que despiden los tiranuelos desde el micrófono secuestrado. La coprorrea verbal puede ser mortífera.

http://www.elmundo.es/america/2012/01/16/cuba/1326729872.html

Ricardo Camacho Socorro

Activista social Venezolano

"Gracias a la libertad de expresión hoy ya es posible decir que un gobernante es un inútil sin que nos pase nada. Y al gobernante tampoco."
Jaume Perich.