El verdugo de la revolución

Por 12:43 p. m. 0 comentarios
A Eladio Aponte Aponte siempre le quedó grande el título de magistrado. Y así, rodeado de amigos narcotraficantes en las altas esferas del poder, fue ficha clave en casos políticos emblemáticos.

Como lozas gigantes, sus palabras, desde algún lugar del extranjero durante la entrevista ofrecida la noche del 18 de abril al canal SoiTV, estremecieron la conciencia nacional y exhibieron la podredumbre del sistema de justicia que impera en Venezuela bajo el ala del Socialismo del Siglo XXI.

No hay independencia de poderes. Queda claro, la mayoría de quienes tienen la honorable tarea de impartir justicia pisa cualquier rastro del honor que da su investidura, escupe la Carta Magna y actúa solapado por los beneficios que otorga el poder. Quién no cumpla la orden establecida se persigue, se asfixia, se juzga y se condena. María Lourdes Afiuni es el mejor ejemplo. Basta una conversación en el lobby de un palacete o una llamada telefónica para fijar condena. En su caso, se trató de la orden del presidente Hugo Chávez sin ningún pudor, en un acto público oficialista.

Aponte Aponte reveló su triste papel amparado en la sobra de la lealtad suprema, al margen de la Constitución Nacional. Lo que era un signo denunciado y repetido hasta el hartazgo por la oposición se convirtió en evidencia. Hoy huye de la jauría que entrenó.

Sus pucheros, silencios, ademanes y terribles y torpes confesiones desvelaron a millares de venezolanos esa noche. No hubo remordimiento. Sólo muestras de miedo. A algunos aún los muerde una indignación de tinte sobrenatural. Por su teléfono y en reuniones recibía órdenes y sin tragar grueso se sentenciaba. Presidente, Vicepresidente, Fiscal General, Presidenta del TSJ, Contralor o Presidente de la Asamblea, según dijo, marcaban la pauta.

Sin miramientos, dirigentes políticos, funcionarios policiales o militares, pensadores, empresarios, banqueros, disidentes y “traidores” a la revolución bolivariana pasaban por su guillontina judicial, con todo un entramado de acólitos a su vera. Decenas de casos emblemáticos, centenares de familias, miles de allegados y amigos. Un cementerio de lágrimas que aún deslizan la impotencia en las mejillas, un delito de Iesa Humanidad.

Aponte Aponte era el verdugo de la revolución y se compara con otros verdugos retratados por las páginas más oscuras de la historia.

Evoca, en un simil sin asesinato directo, a Charles Henri Sanson, quien hizo quince años como verdugo jefe de París en tiempos de la revolución Francesa (1789-1799). Sanson fue impulsor de la guillotina y probó en su filo la cabeza de revolucionarios como Danton, Robespierre, Saint-Just Hébert, Desmoulins y el propio rey Luis XVI. Aponte Aponte como Charles Henri acabó con la vida de quienes pensaron distinto. Hay revelaciones con forma de guillotina.

“A mí me pedían los favores y yo los ejecutaba. Y ay del juez que se negara a ejecutarlo”

Otro caso emblemático

El caso de Eladio Aponte Aponte tiene como antecedente a Luis Velásquez Alvaray, quien el 22 de marzo de 2006, luego de una larga militancia como dirigente del MVR y luego como magistrado, cayó en desgracia con el Gobierno. El entonces ministro del Interior y Justicia, Jesse Chacón, presentó documentos según los cuales Velázquez había incurrido en delitos de corrupción en la compra de terrenos en Caracas para asiento de una serie de dependencias judiciales, entre ellas la Dirección Ejecutiva de la Magistratura (DEM). Antes, el abogado fue responsable de la “limpieza” en el Poder Judicial. Aquella purga se llevó a no menos de 400 jueces sospechosos de no apoyar el regimen e incorporó una cantidad similar con la anuencia de Velásquez Alvaray, hoy asilado en Costa Rica y, según se sabe, escribiendo un libro en el que tratará de mostrar el peso de José Vicente Rangel en la manipulación de los juicios y casos de extorsión.
http://www.laverdad.com/politica/285-el-verdugo-de-la-revolucion.html

Ricardo Camacho Socorro

Activista social Venezolano

"Gracias a la libertad de expresión hoy ya es posible decir que un gobernante es un inútil sin que nos pase nada. Y al gobernante tampoco."
Jaume Perich.