Nicolás Maduro, nuestra vergüenza nacional

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Por Diana Lozano (venezolana) para elcolombiano.com

Qué triste ha sido ver cómo cientos de colombianos han tenido que cruzar el río Táchira con neveras, lavadoras, colchones y todo cuanto puede haber en una casa, puesto sobre sus espaldas. Eso sí, verlo estando rodeado de colombianos que no hacen más que tratarlo bien a uno, que es venezolano, es mucho peor.

Qué indignante fue tener que ver cómo les marcaron sus casas. Ver cómo una simple ‘D’, de demoler, les tiró al suelo la casa y la vida que habían construido en Venezuela. Pienso en esa ‘D’ y me viene a la mente la estrella de David, esa con la que marcaban las casas y los negocios de los judíos en la Alemania nazi, algo que uno estudiaba como parte de una historia que parecía irrepetible. Recuerdo que cuando entré a este país, hace un año y 20 días, me sentí libre de decir en Migración que me venía a vivir aquí precisamente por la situación de Venezuela. Me sellaron el pasaporte y nos dijeron, a mi familia y a mí: ‘Bienvenidos a Colombia’.

Qué demoledor fue escuchar los relatos de las familias que han quedado divididas. El testimonio de una señora a la que deportaron con su esposo y su bebé de nueve meses, pero a la que le dejaron del otro lado de la frontera a otras dos hijas menores de edad porque habían nacido en Venezuela, fue devastador. ¿Qué diferencia hay entre estas familias y las que quedaron divididas por el Muro de Berlín? La única que veo es que ya no existe la Guerra Fría.

Qué fuerte es que después de siete días de todo aquello el resultado de la reunión que se efectuó el miércoles en Cartagena entre las cancilleres María Ángela Holguín y Delcy Rodríguez haya sido el que fue. La ministra venezolana salió a decir que lo de la frontera era una ‘falacia mediática’, que Venezuela había respetado los derechos humanos de los colombianos, y que lo que había era un problema de paramilitarismo y de contrabando. No podía ser de otra forma y es triste para uno como venezolano el ni siquiera sorprenderse.

Probablemente la mayoría de los colombianos no lo sabe, y no tiene por qué saberlo, pero Delcy Rodríguez es la hermana de Jorge Rodríguez, alcalde de Libertador (populoso municipio de Caracas) y jefe del comando de campaña del partido de gobierno para las elecciones parlamentarias previstas para el 6 de diciembre en Venezuela. No son pocos los analistas que consideran que el objetivo real de Maduro al crear un caos en la frontera es decretar un estado de excepción, no en los estados fronterizos como está ocurriendo en este momento, sino en todo el país, para luego argumentar que no existen las condiciones necesarias para celebrar unos comicios y suspenderlos hasta nuevo aviso.

Como dato adicional, tómese en cuenta que ambos, canciller y jefe de comando, son hijos de un dirigente de izquierda que murió en un calabozo de la policía política venezolana en 1976, cuando gobernaba Carlos Andrés Pérez, el presidente que Hugo Chávez intentó derrocar 16 años después, cuando ejercía un segundo mandato. Para entonces Delcy tenía 6 años y Jorge 11.

Qué penoso fue tener que ver las expectativas que se generaron cuando el Defensor del Pueblo, Jorge Armando Otálora, fue a la frontera para reunirse con el gobernador de Táchira, José Vielma Mora, y poder pasar del lado venezolano para traer en camiones las pertenencias de los deportados colombianos. El mandatario regional venezolano nunca llegó.

Esto tampoco tienen por qué saberlo los colombianos, pero Vielma Mora no es cualquier gobernador, es uno que hace más de dos décadas, cuando tenía 28 años, participó en la intentona golpista que lideró Chávez contra Pérez. Vielma Mora era nada más y nada menos que uno de los encargados de atacar el Palacio de Miraflores.

Qué indignante es que el gobierno venezolano piense que alguien puede creer que más de 1.088 deportados en ocho días, que alrededor de 5.000 colombianos sacando sus pertenencias de Venezuela a pie por una trocha, que todo un barrio demolido en Táchira y que la orden de un cierre en siete municipios de la frontera, se debe a que supuestos paramilitares le dispararon a tres soldados venezolanos por la espalda. Quién puede creer que todo esto se deba al contrabando de gasolina y de alimentos, problema histórico que ahora pretende ser solucionado en ocho días.

Qué triste es para los venezolanos tener que cargar en la espalda con el peso de estar vinculados por razones de nacionalidad al gobierno de Nicolás Maduro. Es una carga demasiado pesada. Nuestro gobierno nos avergüenza, independiente de que estemos dentro o fuera de Venezuela .

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Ricardo Camacho Socorro

Activista social Venezolano

"Gracias a la libertad de expresión hoy ya es posible decir que un gobernante es un inútil sin que nos pase nada. Y al gobernante tampoco."
Jaume Perich.