Devorados por la revolución

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Maduro nunca se ha visto tan acorralado por sus propios errores

Todo apunta a que los venezolanos le castigarán el 6 de diciembr
Difícilmente Nicolás Maduro ha leído a Flaubert, pero su apego a la revolución bolivariana lo aproxima a la afirmación que hizo el célebre autor francés, "Madame Bovary soy yo".

Flaubert se travestía en la heroína que había creado y el gobernante venezolano confunde su identidad con la esencia del chavismo al advertir: "Si la oposición gana la elecciones, no entregaré la revolución". Sin la finura literaria del padre de la novela moderna, pretende intimidar a los votantes que acudirán a las urnas el próximo 6 de diciembre para renovar los 167 escaños de la Asamblea General.

No es la primera vez que el gobierno lanza amenazas que dejan entrever un golpe militar. El propio Maduro ha dicho que pasaría a una unión "cívico-militar" con tal de impedir que le arrebaten el juguete roto que heredó de Hugo Chávez. Pero, desde que ganara en 2013 las elecciones por un margen estrecho y discutible, nunca se ha visto tan acorralado por sus propios errores.

Nicolás Maduro se muestra inquieto y tiene razones para estarlo. Este domingo Julio Borges, coordinador nacional del partido opositor Primero Justicia, dio a conocer los resultados de cinco empresas encuestadoras que arrojan una diferencia de entre 20 y 30 puntos a favor del bloque opositor. En una rueda de prensa, Borges ha dado por hecho que Maduro ya no cuenta con "la base de apoyo popular" que un día tuvo.

Aunque está comprobado que las encuestas de intención de voto son todo menos científicas, el sentido común apunta a que los venezolanos castigarán a un gobierno que ha sumido al país en una grave crisis. Hay un dato revelador que puede ser determinante a la hora de votar: según una encuesta realizada por Consultores 21, uno de cada tres venezolanos ha dejado de hacer al menos una comida al día, causando un verdadero deterioro en la alimentación de la gente. La clase media, que aún no ha sido barrida, cuenta con más recursos para combatir la inflación y la escasez de productos básicos. Sin embargo, los sectores sociales más pobres no pueden viajar al exterior para abastecerse o pagarles a los "bachaqueros" que revenden los productos que no se encuentran en los supermercados semivacíos.

Mientra la oposición se muestra optimista con encuestas que la favorecen, al creciente número de desertores del chavismo se ha sumado el ahora ex fiscal Franklin Nieves. Por medio de una ronda de entrevistas que está concediendo desde su insospechado exilio en Miami, el magistrado va armando el rompecabezas de la supuesta farsa que él mismo contribuyó a fabricar en torno al caso contra Leopoldo López. Con una trémula parquedad que puede interpretarse como miedo contenido, Nieves ha dado detalles de un montaje que buscaba inculpar al dirigente de Voluntad Popular y que, según él, dirigían personalmente Maduro y Diosdado Cabello, el otro hombre fuerte del régimen.

Lamentablemente la deserción de Nieves se produce después de que participara en el juicio que condenó a doce años de cárcel al líder opositor. El ex fiscal justifica tan reprobable actuación asegurando que tenía las manos atadas y que no quería terminar como la jueza María Lourdes Afiuni, quien cumplió tres años de prisión por poner en libertad a un empresario crítico del chavismo. Con resignada melancolía, este último tránsfuga del chavismo admite que pisoteó los derechos humanos de López y ahora insta a votar masivamente en diciembre para echar abajo "la ley del miedo".

En efecto, hay miedo entre los venezolanos pero también hay hambre y hartazgo. Por eso ahora Maduro clama a la desesperada "la revolución soy yo". Las revoluciones, ya se sabe, como Saturno, devoran a sus propios hijos.

Gina Montaner
http://www.elmundo.es/internacional/2015/11/06/56388b7622601d97658b45a1.html

Ricardo Camacho Socorro

Activista social Venezolano

"Gracias a la libertad de expresión hoy ya es posible decir que un gobernante es un inútil sin que nos pase nada. Y al gobernante tampoco."
Jaume Perich.